Crónica de un magnífico preestreno

El anterior post estaba escrito en sentido figurado, en clave de obra teatral con los nombres que los antiguos griegos daban a los astros protagonistas. Como era difícil de entender para mucha gente, se podía obtener la traducción a un lenguaje más comprensible. Para no abusar de “experimentos extraños” éste lo escribí en un lenguaje inteligible, pero como hubo alguien que me dijo que le había gustado la “ocurrencia” de utilizar tan extraño símil, aquí tienes el relato en esa misma “clave”.

 

A veces las cosas salen mejor de lo previsto, y aunque había anunciado el estreno de la obra para el día 28 de enero, ecuando todo iba a estar preparado para ofrecer una función observable desde cualquier localidad del teatro sin ningún problema y con la llegada confirmada del último actor, cinco días antes ya había indicios de que el preestreno podría  adelantarse y ser inminente.

El repliegue total de las odiosas cortinas del escenario en forma de nubes, y el momento que habían fijado para aquel supuesto ensayo “con los actores que hubiera” hacía presagiar que iba a ser algo más que eso.

Pero había que darse prisa y llegar el primero, para ocupar la mejor localidad del teatro desde donde poder ver sin problema todo el escenario, incluso el rincón donde se agazapa el divo.

Y mereció la pena. Ya al entrar se veía a Selene, al borde derecho del escenario, con su atuendo más ampuloso, aunque desde luego no es el que a mí más me gusta, como queriendo tener el protagonismo que en esta obra no le corresponde, por lo que en próximas representaciones cambiará por otro más estilizado.

Cuando llego a mi localidad (la mejor del teatro) Compruebo que todas las actrices y actores están ocupando su lugar, a la espera de que llegue el último: El divo Hermes que con sus caprichos condiciona siempre las fechas de las diferentes funciones.

Expectación, y efectivamente. Allí aparece por el borde izquierdo de la escena, sutil y magnífico. Los demás, desplegados en una línea de lado a lado completan el cuadro: Cerca de Hermes está Afrodita, que aunque la más bella no es ahora la más observada. A su derecha Cronos, ligeramente agazapada la “fija” Antares con su séquito, seguramente atemorizada por su rival, Ares, que aparece cercano. Luego otra de las fijas, Espica, seguida por el dios Zeus, la tercera fija Regulus y finalmente, a la derecha la impresionante Selene intentando, pero sin conseguirlo, menospreciar a los demás.

La función, magnífica, breve pero intensa, y nada más acabar Selene, displicente, se va en una despedida exuberante y chulesca.

Para finalizar esta espectacular actuación, poco después de que Selene abandonase el escenario pavoneándose , y  ya quedaban pocos espectadores en la sala, apareció Helios, la séptima errante, como siempre lo hace casi a la vez que se va Selene ataviada con su traje más luminoso. De esta manera Helios siempre marca el definitivo final. Las cinco, no. Las seis, incluso las siete.

Por si fuera poco, los seis únicos espectadores del tercer planeta que por estar ausentes de él no podían acudir al patio de butacas, sí pudieron asomarse al espectáculo en un fugaz sobrevuelo por el mismo escenario como si formasen parte del montaje.

 

Afortunadamente esta vez no volvió a verse aquella mueca amenazadora y por eso me he atrevido a volver y hacer esta crónica, y espero seguir haciéndolo aunque sea a un ritmo más pausado, por si acaso.